Bomba en Munich, una semana después...

Como muchos saben el lunes pasado, 27 de agosto, se encontró una bomba de las arrojadas por el ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial, que estaba enterrada sin haber estallado. No era una bomba menor, su peso era de 250 kilogramos.

 

Lo curioso es no sólo que fue encontrada en pleno centro de la ciudad 67 años después de finalizada la guerra, sino también que en ese mismo lugar y hasta el año pasado operó uno de los bares de rock de culto de la ciudad, el Schwabinger 7, que debe su nombre, como muchos locales en esta ciudad, al número de calle que ocupa. El bar sigue existiendo pero debió mudarse el número 15 (aunque conserva su viejo nombre) porque en el antiguo lugar comenzaron a construir un complejo de oficinas.

 

Estamos hablando de lo que para muchos tal vez no sea más que un bar de mala muerte, pero es uno de los pocos espacios realmente alternativos que ofrece la ciudad, cuyo viejo edificio, según he leído en algún lugar, tenía las paredes negras no de pintura sino del humo de los cigarrillos. Un lugar plural, en el que se daban cita todo tipo de personas afines al rock, más allá de clases sociales, colores de piel y procedencias o preferencias sexuales.

 

El dato no es menor, cuando se conoció la noticia de que el Schwabinger cerraría sus puertas, numerosas personas del barrio y de la ciudad salieron a las calles a protestar en contra de la urbanización que aniquila lentamente el pasado cultural y bohemio que el barrio de Schwabing posee, epicentro de los movimientos culturales de la ciudad sobre todo a comienzos del siglo pasado. Por los cafés, las pensiones, los pisos compartidos y sus viviendas, deambulaban y vivían artistas de la talla de Thomas Mann y Bertolt Brecht, Frank Wedekind y Christian Morgenstern, Lenin y Max Weber y hasta Giorgio de Chirico algo más tarde, por poner algunos ejemplos.

 

Entiendo que muchas personas se han cuanto menos sonrojado con los sucesos de la semana pasada, pues la bomba debió ser detonada de forma controlada, ya que su desactivación no fue posible. De entre sus labios podía escucharse que si hubieran dejado en pie al viejo Schwabiner nada de esto habría tenido lugar. Al final la zona no sufrió grandes destrozos, pero las personas en un radio de 3000 metros debieron ser evacuadas, los negocios más cercanos dejaron de funcionar, y muchos edificios sufrieron daños materiales, algunos de cuantía. Afortunadamente no hubo que lamentar ningún daño a personas.

 

Para los que lean esto sabrán que Living Sprachen está a tan sólo 100 metros del lugar de la explosión, pero puedo decirles que por suerte no le pasó nada, en todo caso quedará en su historial como una anécdota.

 

Abajo les dejo alguna foto tomada por mí el día posterior a la detonación.

 

 

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Kommentare: 1
  • #1

    Pedro (Dienstag, 04 September 2012 17:06)

    ¡Qué maravilla que el maldito ejercito estadounidense no tuvo éxito con su pérfida bomba en destruir este lugar plural de todo tipo de personas más allá de clases sociales, colores de piel y procedencias o preferencias sexuales!
    ;-)

Iani Haniotis

Sprachlehrer

Diplom-Geisteswissenschaftler

Living in Schwabing / 

an der Münchner Freiheit

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Iani Haniotis